domingo, 18 de septiembre de 2011

Domingo de los grandes.

Domingo 18 de septiembre, día grande. No sólo porque se celebrase la final de Gaelic football, sino porque Manu cumple años y también se celebra Santa Sofía...
Nosotros decidimos celebrar el cumple en la "segunda parte" del sábado, es decir, al volver de la excursión. Es por eso que nuestro sábado fue tan completo y nos lo pasamos tan bien. Nos fuimos al Leisureplex de Stillorgan, que queda cerca de la casa del cumpleañero. Este lugar reúne bolera, Quazar, billares, y todo tipo de maquinitas, tragaperras y similares. En definitiva, un lugar ideal donde pasar la tarde con los amigos.

Cuando todavía éramos amigos.
Empezamos por jugar al Quazar los seis, dividiéndonos en dos equipos (el equipo rojo lo formábamos Alberto, Pedro y yo, mientras que en azul estaban Ale, Víctor y Manu). En una sala donde está el mapa del sitio nos preparamos la táctica lo mejor posible (bueno, eso hacía Víctor con los suyos, mientras los del otro equipo nos tratábamos de quedar con la movida para hacerle la contra...) hasta que oímos soltar a Víctor la clave del juego: "Quien controle esta diagonal, controla el juego". Frase muy de película que parecía escrita en piedra, pero que luego se comprobó que no era sino un terrón de barro, pues tras vestirnos con nuestros trajes, pistolas y máscaras, empezó la música a sonar y aquello se convirtió en un enjambre de avispas cabreadas... Carreras por todas partes mientras el chico del local no paraba de decirte que no corras o que te pusieses la máscara, aguardas para sorprender al enemigo por la espalda, ir a la base del otro para acabar con su hormiguero, causar baja al enemigo y aún así seguirlo por todas partes para volverlo a rematar...
Una auténtica locura que puso en duda cualquier táctica citada anteriormente, así como cualquier advertencia sobre cómo se debía jugar... Y no faltaron las tortas, sudores, trampas y risas que hicieron del conjunto los 20 minutos más intensos y divertidos que hayamos tenido hasta ahora.

Y a la salida, mientras dejábamos las cosas y nos contábamos todo lo que había pasado, análisis de los resultados por equipos y por separado. Ganó el equipo azul, y fue Manu justamente el que más puntos consiguió. Aquí hay que tener en cuenta que uno también podía matar a los de su propio equipo, cosa que en principio puede sonar impensable, pero cuando uno está metido en el frenético ritmo de la batalla difícilmente en media milésima de segundo consigue distinguir una masa en movimiento que va de azul o de rojo. En esto algunos nos hicimos expertos, y esto es algo que te resta puntos...

Víctor, integrante del grupo A.
Ya iba siendo hora de cenar algo, así que nos fuimos al McDonald's de al lado, hicimos el pedido y nos volvimos con nuestro cargamento para rematar el día con una partida en la bolera. Tuvimos que comernos las hamburguesas fuera por normas del establecimiento, pero en poco tiempo ya estábamos con los zapatos de payaso haciendo lo oportuno en la pista. Si nos hubiésemos separado por niveles para jugar a este deporte, probablemente hubiésemos hecho tres grupos que, por similares que parezcan, siempre serán radicalmente distintos: el grupo A de los que pueden jugar con los ojos cerrados, porque siempre arrasarán en la pista; el grupo B de los que pueden jugar con los ojos cerrados, porque siempre lo harán mejor que si los tuviesen abiertos; y el grupo C de los que también pueden jugar con los ojos cerrados, porque sus resultados siempre serán aleatoriamente buenísimos o pésimos...
Pedro jugaba en el grupo B sin duda...
La partida resultó emocionante hasta el final por lo igualados que iban los del grupo A, y por la guerra personal que mantenían los del grupo B, que buscaban mejorar sus resultados probando diferentes formas de tirar, ya fuese con las dos manos, con la cabeza, pie, o incluso avanzando hasta mitad de la pista (descubrieron que no sonaba la alarma al pasar la línea...). Todo se resolvió en la última tirada, donde Víctor hizo un strike que le permitió tener dos tiros más, y Manu cedió su primer puesto al no igualarle la tirada.

Y para acabar, antes de llevar a cada uno a su casa le dimos a Manu una tarjeta de felicitación firmada por todos diciéndole lo mal que nos cae y todas esas cosas que se escriben siempre en una tarjeta de cumpleaños... Hasta aquí el grandísimo sábado que pasamos todos juntos, en buena parte en honor a Manuel por el gran día que era este domingo 18 de septiembre.

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