lunes, 5 de septiembre de 2011

Uniformes y corbatas.

Lunes 5 de septiembre, primer día de clase para los nuestros. Aunque a nuestra llegada a Irlanda les habían repartido libros y uniformes para sus respectivos colegios, no estábamos equipados del todo y había que enterarse de qué necesitaban exactamente. Así que a la hora del lunch, para no interrumpir ninguna clase, me presenté en St. Mary's College acompañado de Niall (de Rockbrook) y avanzamos entre la jungla de niños que se repartía por el patio y pasillos hasta encontrarnos con Ale, Víctor y Pedro. No estaban tan lejos de parecer uniformados, pero claramente necesitaban su jersey y corbata reglamentarios para ser uno más.
Toda una pena que a pesar de haber llevado la cámara de fotos no cayera en ese momento, tan entretenidos que estábamos hablando de las primeras clases, de lo que costaba seguirle al profe, que si el libro de Mates no era el que usaban en esa clase o si faltaban los libros de Inglés o Alemán... Nada, listita de cosas que comprar o cambiar y listo, que aún teníamos día por delante. Y entre una cosa y la otra, fin de la media hora del lunch, ellos vuelta a clase y yo a seguir la ruta.
En St. Conleth's cogimos por sorpresa a Manu y Alberto en clase y nos fuimos a una salita para comprobar que seguían enteros y con ganas de seguir disfrutando. Manu tenía ya todo su uniforme (contaba con la ventaja del veterano), pero a Alberto el jersey le quedaba poco menos que por la rodilla y parece que por ahora no es ese el estilo que le gusta, así que nos lo llevamos para cambiarlo por uno de su talla. Y comprarle su corbata, por supuesto.
Así que la siguiente parada estaba clara: a la tienda de uniformes para resolver esto lo antes posible. Más nos vale que cuidemos bien estas prendas que al final tendremos que devolver, puesto que parece que en Irlanda se utiliza hilo con hebras de oro o pelo de mamut en su elaboración...
Ya para cuando se acabaron todas estas gestiones los niños debían de estar en sus casas ya de vuelta, así que empezó el reparto de uniformes casa por casa, mientras rechazaba tazas de té (aún no me he hecho amigo de esta agua caliente aromatizada de la que parecen disfrutar todos a cualquier hora...).
Ahora sí que, si mañana me acerco a algún colegio, lo único que podrá delatar a los nuestros será el sello de los afortunados que viven en las costas bañadas por un cálido sol... ¡Y prometo añadir prueba documental próximamente!

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