domingo, 2 de octubre de 2011

Segunda parte del sábado 1 de octubre.

Bueno, nos quedamos en cómo había sido nuestro sábado pasado por agua. Pues bien, para empezar debo contarles que al cine llegamos por los pelos, puesto que al parecer no éramos los únicos que habían decidido refugiarse en un macro centro comercial al ver que lo de echar el día fuera se había ido al garete.
Estando ya dentro del Dundrum, las manadas de ñues y cebras se entremezclaban y complicaban el paso de los cinco búfalos cafre (Alberto andaba con su familia, que había venido para visitarle). Por suerte no cayó ninguno durante la migración y llegamos sanos y salvos a las praderas de la sabana, donde los ternerillos pudieron pastar nachos y roscas mientras observaban lo que pasaba con los primates.
Muy interesante la película ("El origen del Planeta de los Simios"), y lo de verlo en versión original es todo un gustazo del que podemos disfrutar a estas alturas de la expedición.

Como aún nos quedaba tarde, fuimos a ver tiendas de música y deporte (el equivalente de las niñas, que van de compras a ver ropas y complementos...). Alejandro ya se compró su balón de rugby tras muchas vueltas (es que hay diferentes modelos, colores y calidades, por lo que no está fácil la elección), pero el resto aún no lo tienen decidido. Al menos ya tienen uno con el que aprovechar tanto verde que hay por aquí, pues dudo que haya sitio mejor que éste en el mundo para sacarle mayor partido a un balón de rugby o fútbol...

Imagen de archivo, Wicklow's Gaol.
Por último, quedamos con la familia de Alberto para ir a cenar a una hora más o menos irlandesa. Digo "familia" en lugar de padres porque vino toda una comitiva para visitarle: además de sus padres vino su hermana, sus tíos y primos... ¡7 en total! Así que nos vimos en la city y buscamos un sitio donde meternos. Pino se encargó de poner orden en la mesa de los niños (tuvieron la buena idea de poner a los niños en una mesa y los mayores en otra), y disfrutamos de todo un banquete en condiciones, a la salud de la familia de Alberto.

Pasamos una agradable velada en la que no faltaron ni las fotos ni la fotógrafa profesional (Irene), y al final tuvimos que hacer uso de la pata cabra para poder arrancar a los chiquillos y devolverles a sus respectivas casas... ¡No se podrán quejar!

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